Historia de los autolavados

En cualquier parte del mundo es un hecho corriente el pasar por un autolavado cuando el vehículo se ha ensuciado, allí donde con maquinaria industrial especializada, se le quita hasta la más mínima impureza en cuestión de minutos. Este sofisticado proceso no se acerca a la manera en que se originaron estos centros de limpieza.

El primer autolavado tuvo como cuna la ciudad de Detroit, donde en 1914, los carros eran empujados por los operarios del lugar a través de rudimentarias estaciones, donde eran lavados con tobo, secados con paños y pulidos.

Más adelante, durante 1924, se fundó en Chicago el “Automobile Washbowl”. Cabe resaltar que para la época, convivían en las carreteras los carruajes tirados por caballos y los nacientes automotores. Esto ocasionaba que las calles por la que circulaban los vehículos estuvieran con frecuencia llenas de las excretas que los equinos iban dejando a su paso.

Grande era la incomodidad de los choferes, tanto para la vista como para el olfato, ya que sus neumáticos terminaban embadurnados de materia fecal con cada paseo. Para solventar este problema se construyó una especie de plazoleta circular profunda la cual se inundó para que los autos dieran vueltas y vueltas hasta quedar de nuevo limpios. Con el tiempo, se fueron incorporando mecanismos que condujeron a una paulatina sustitución del trabajo manual por las máquinas.

En 1948 Detroit nuevamente vuelve a ser noticia, ya que se inaugura el primer túnel semiautomático de lavado en el que el coche era transportado y enjuagado automáticamente, aunque el cepillado continuaba siendo manual. Este problema fue resuelto en 1951 por los hermanos Anderson, quienes implementaron la enjabonada mecánica.

Las técnicas fueron mejorando: se rediseñaron los cepillos de los sistemas rotativos para reducir espacio y costos, se perfeccionaron los químicos y la protección de la carrocería y se añadieron nuevas técnicas de lavado adaptadas a las condiciones del vehículo y las preferencias de su dueño.